Como ya sabemos, Stahlberg es un jugador al que le tengo mucho aprecio, pues es uno de los dos autores del libro que me agradó mucho, sobre todo cuando yo estaba enfermo, en mi niñez, en que me agradaba mucho hacer los partidos en mi cama, de Capablanca, comentados por Stahlberg y Alles Monasterio en su libro sobre el gran ajedrecista cubano y mi preferido campeón mundial.
En la partida N° 47 de esta maravillosa obra de Harry Golombek, Stahlberg vence a Lundin en una formidable producción en que vence con blancas a la Nimzoindia (E 23 variante Spielmann) que le plantea su antagonista, en que juega con mucha energía, sin importarle el sacrificio de una pieza y de la entrega de calidad, pero resultando, luego de las vicisitudes de la apertura, que queda con tres peones por una pieza y conduce a los peones con gran maestría, con lo que va dejando maniatado a su rival, y, finalmente, cambia la dama, cuando ya el caballo no podría evitar la coronación. El final es una oda a como debe jugarse este tipo de enfrentamiento entre dama y tres peones contra dama y caballo, existiendo además otros dos peones por lado.
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